La importante influencia en Chile de la inmigración alemana que empezó en el siglo XIX con la «colonización de Llanquihue»

La importante influencia en Chile de la inmigración alemana que empezó en el siglo XIX con la «colonización de Llanquihue»
Fernanda PaúlBBC News Mundo

40 minutos

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Hay un pequeño lugar en el sur de Chile donde muchos alemanes se sienten como «en casa»: Frutillar.

Con una arquitectura típica alemana, este pueblo ubicado en el lago Llanquihue está fuertemente influenciado por la cultura de este país europeo.

Varias de sus calles llevan nombres provenientes de allí, y muchos de sus cafés ofrecen comida que podría encontrarse fácilmente en ciudades como Múnich o Núremberg.

Por ejemplo, los famosos kuchen (pronunciado en español como «cujen»), una especie de pastel o tarta que se transformó en un pedido obligatorio en la zona y que lleva décadas conquistando el paladar de los chilenos.

Pero Frutillar no es la única localidad en el sur de Chile donde la huella alemana se siente fuerte.

Ciudades como Valdivia, Temuco o Puertos Varas, entre muchas otras, también heredaron parte de su cultura, manteniendo hasta el día de hoy tradiciones como la cervecera.

Y es que en el siglo XIX, miles de familias pertenecientes a la entonces llamada Confederación Germánica se instalaron en Chile en busca de nuevas oportunidades.

Muchas de ellas tuvieron un gran éxito, logrando una integración y desarrollo que les permitió vivir cómodamente en las nuevas tierras.

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Motivados por sus pares, en el siglo siguiente cientos de alemanes continuaron migrando a Chile, sobre todo después de la primera y segunda Guerra Mundial, cuando su país quedó sumido en una profunda crisis política y social.

Una de esas familias fueron los Kast, la ascendencia del candidato de derecha radical José Antonio Kast, que actualmente compite, junto al izquierdista Gabriel Boric, por la presidencia de la nación sudamericana.

El abanderado es hijo de Michael Kast Schindele, que llegó a Chile en diciembre de 1950, cuando solo tenía 26 años. Originario del estado de Baviera, fue parte del ejército de su país y, ante la derrota de la Alemania nazi, decidió trasladarse a Sudamérica.

Su papel en la guerra ha sido objeto de controversia: algunos investigadores lo han calificado de «nazi» y, según una reciente publicación de la agencia Associated Press —previamente dada a conocer por el periodista chileno Mauricio Weibel—, no sólo fue un conscripto durante el conflicto bélico sino que también fue miembro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP, por sus siglas en alemán), más conocido como el Partido Nazi.

Su hijo, sin embargo, lo ha defendido en repetidas ocasiones, señalando que el servicio militar era obligatorio en Alemania y que llegó a Chile huyendo de la guerra.

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Los Kast no son los únicos descendientes de alemanes con destacadas carreras políticas.

Enrique Krauss, histórico dirigente de la centroizquierda chilena y su hija Alejandra, exministra del segundo gobierno de Michelle Bachelet, también tienen antepasados alemanes, al igual que la excandidata presidencial y alcadesa Evelyn Matthei.

En el mundo de las artes, del deporte y de la ciencia se repite la misma historia.

Nombres como Egon Wolff —un reconocido dramaturgo que obtuvo el Premio Nacional de las Artes—, Christiane Endler —futbolista y premiada como la mejor arquera del mundo en 2021—, y Otto Dörr Zegers —médico y psiquiatra, Premio Nacional de Medicina 2018— son todos miembros de la comunidad alemana en Chile.

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La «colonización de Llanquihue»

Para entender la migración alemana a Chile, lo primero que hay que tener en consideración es la «ley de inmigración selectiva» que se creó en Chile en 1845 para atraer a profesionales extranjeros y colonizar zonas del sur, entre las actuales regiones de Los Ríos y Los Lagos.

El proceso, conocido como la «colonización de Llanquihue», supuso la entrega de territorios, donde habitaban algunas comunidades nativas, para incorporarlos efectivamente a la soberanía del país y así evitar la ocupación de la zona por potencias extranjeras.

Paralelamente, en Alemania se vivían tiempos turbulentos en medio de la denominada Revolución de Marzo, que ocurrió entre los años 1848 y 1849, y que tenía como fin lograr un Estado nacional.

Pero el anhelo de muchos no llegó a concretarse y, así, miles de alemanes comenzaron a considerar seriamente la posibilidad de emigrar al «nuevo mundo».

«Los alemanes buscaban lugares libres donde colonizar y donde vivir una vida con más libertad política. Y Chile era una de las nuevas naciones que les ofreció eso, además de su política de colonización», le explica a BBC Mundo el académico alemán Stefan Rinke, historiador de la Freie Universität Berlin y autor de «Chile y Alemania, 1850 hasta hoy: un manual».

De esta forma, se produjo la primera gran ola de migración alemana a Chile.

La gran mayoría de los que llegaron, explica Rinke, no tenían una buena situación económica, sino que traían pequeños ahorros, además de herramientas y enseres, que les permitió abrirse camino en distintos ámbitos, especialmente en el mundo agrícola.

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«También llegaron comerciantes de las ciudades del norte como Hamburgo y Bremen, que hicieron vínculos estrechos con América Latina porque comerciaban el salitre chileno, una de las dimensiones en que los alemanes invirtieron bastante dinero», dice el académico.

Poblaron principalmente las ciudades del sur pero también se instalaron en la capitalSantiago y en Valparaíso, entre otras.

Enorme influencia

Aunque Rinke aclara que la gran mayoría migraron a Estados Unidos, Canadá, Brasil y Argentina, asegura que en Chile, al ser un país más pequeño, la huella de la cultura germana se sintió mucho más fuerte.

Algo que perdura hasta el día de hoy.

«Cualitativamente fue muy importante, los alemanes realmente colonizaron el sur de Chile, tuvieron sus ciudades, sus lugares, se integraron», dice Rinke.

«También tuvieron una vida bastante nacionalista, siempre se sintieron muy alemanes. Las generaciones trataron de mantener su tradición, su cultura, su lengua y su religión, porque muchos de ellos eran luteranos en un contexto católico», agrega.

El éxito de los alemanes en Chile también tuvo que ver con la gran admiración que sentían los chilenos hacia ellos.

«Ha sido la migración más admirada, tuvo un éxito formidable», dice el historiador de la universidad Católica de Chile, Joaquín Fermandois.

Según el académico, hubo dos áreas en donde influyeron especialmente: la educación y el ejército.

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En la primera, fue importante su contribución en la creación del Instituto Pedagógico en 1889, el primer establecimiento de educación superior que tuvo como objetivo formar al profesorado de enseñanza media (secundaria) en Chile.

Nueve profesores alemanes formaron parte del plantel cuya misión fue introducir cambios considerables a la teoría pedagógica de la nación sudamericana, basándose en el sistema germano.

Además, en el ámbito de la ciencia, muchos inmigrantes alemanes se destacaron, ocupando cargos importantes en universidades o fundando centros de estudio.

Por otra parte, los migrantes alemanes jugaron un papel determinante en la formación del ejército chileno, que adoptó la formación y tradiciones militares prusianas.

«Los alemanes ayudaron a reorganizar el ejército después de la Guerra del Pacífico. Y dejaron una impronta que todavía permanece», dice Fermandois.

«El ejército alemán, por sus victorias, pasó a ser un fenómeno en muchas partes del mundo. Y ellos felices de actuar como instructores, era parte de su política exterior el favorecer estas relaciones», agrega.

Paul Schäefer, el «capítulo oscuro»

Décadas más tarde, en 1930, vendría una segunda ola (aunque mucho menor) de migración alemana a Chile.

«En la década del 30, algunos judíos se refugian en Chile. Y luego del 45, hay nazis que se van a América del Sur. Pero no es una migración masiva», explica Rinke.

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Entre los que llegan después del 45 está Paul Schäfer, que en 1961 fundó Colonia Dignidad, un enclave de alemanes ubicado en la localidad de Parral, a unos 350 kilómetros al sur de Santiago, que colaboró estrechamente con la DINA (la policía secreta de Pinochet) y donde se cometieron torturas y abusos sexuales a menores.

Durante 50 años, quienes vivieron bajo el liderazgo de Schäfer lo hicieron sometidos a un sistema de vida represivo.

Cuando salieron a la luz las atrocidades cometidas en este sitio, Schäfer huyó a Argentina en 1997, donde lo arrestaron en 2005. Un año después, luego de que lo extraditaran a Chile, fue condenado a un total de 33 años de prisión por abuso sexual de menores, torturas, asesinato y posesión ilegal de armas.

Murió en una cárcel de Santiago en 2010 cuando tenía 88 años.

Pero este episodio quedaría para siempre como momento muy complejo en las relaciones entre Alemania y Chile.

El propio gobierno alemán ha reconocido que es un «capítulo oscuro» en la diplomacia de su país.

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«Afectó bastante, tuvo una influencia muy mala. Cuando se descubrieron los primeros escándalos, se decía que los alemanes eran unos sinvergüenzas», recuerda Rinke.

«Me di cuenta lo rápido que podía cambiar la imagen positiva hacia los alemanes en Chile», añade.

Sin embargo, Fermandois hace una distinción: «Colonia Dignidad no tiene nada que ver con la migración alemana».

«Este fue un grupo que vivió aislado», dice.

Aunque es difícil estimar cuántos descendientes de alemanes viven hoy en Chile, se ha calculado que bordean los 500.000 (3% de la población chilena).

Su influencia, sobre todo en las ciudades del sur, aún es notoria. Hay numerosas escuelas alemanas donde se enseña esta lengua y clubes exclusivos para ellos.

Pero es una comunidad completamente integrada.

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«Hoy día son familias completamente mixtas, hay muy pocas casas donde sólo se habla alemán», explica Fermandois.

Rinke, en tanto, agrega que la comunidad «es bastante heterogénea». «Las nuevas generaciones, aunque llevan apellidos alemanes, no tienen muchos contactos con Alemania», señala.

Aun así, muchos de ellos sienten un fuerte arraigo con el país de donde vinieron sus antepasados.

El propio candidato presidencial José Antonio Kast ha dicho en repetidas ocasiones que se siente «orgulloso» de sus raíces.

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