Carlos Llavador: «Todos los chavales cogen un palo y se pegan, la gente también hace esgrima sin saberlo»

Carlos Llavador: «Todos los chavales cogen un palo y se pegan, la gente también hace esgrima sin saberlo»

En algún momento de la infancia todos los niños se baten en un duelo de ‘espadas’, ya sea de piratas, de caballeros medievales o en una imaginaria galaxia muy muy lejana. Sin embargo, Carlos Llavador fue uno de los pocos que fue más allá del juego, aprendiendo el arte de la esgrima en una sala de armas, iniciando una afición que años después le llevaría al Olimpo en Tokio 2020.

El tirador español ha rebasado un sinfín de dificultades para llegar a la cita más importante de la vida de un deportista, y después de lograrlo confiesa estar preparado para seguir batallando contra viento y marea para llegar a París 2024. El floretista cuenta esto y mucho más en una entrevista para 20 Minutos en la sala de esgrima subterránea del Centro Superior de Deporte,  donde se «fabrican» los mejores esgrimistas españoles a golpe de acero y tesón.

Todos los niños suelen jugar al fútbol o al baloncesto… ¿Cómo empieza con apenas 8 años a practicar esgrima?

Todos los chavales hacen fútbol, pero también todos los chavales cogen un palo y se pegan en casa o en el campo con cualquiera, inconscientemente la gente también hace esgrima… Yo justo fui de los pocos a los que sus padres apuntaron en la Sala de Armas de Madrid y ahí empecé en el año 2000.

¿Cuándo pasa de ser una actividad a algo más serio?

Al principio fue todo muy natural, muy progresivo, no iba pensando en que fuera a llegar a algo con el deporte. Pero el momento que más recuerdo es cuando fui a la primera Copa del Mundo aquí en Madrid y ahí me clasifiqué para el Mundial. La verdad es que cuando me lo dijeron no tenía ni idea de lo que significaba eso, pero cuando fui allí es cuando me di cuenta de todo el movimiento internacional que había en torno a la esgrima, viví por primera vez una competición internacional con tanto peso…  Unas sensaciones que me fueron llamando cuando yo tenía solo 16 años.

Se puso a entrenar con el equipo nacional, pero decide irse a Italia, ¿Se le acabaron los rivales aquí?

Hay una serie de factores. La crisis terminó con un equipo nacional en el que había mucha gente mayor que yo, y al irse me quedé un poco solo. Intentamos crear un nuevo grupo de entrenamiento, pero yo había crecido mucho entrenando con los mayores y había mucha diferencia de nivel. Entonces en 2015, para la clasificación de los Juegos Olímpicos de Río, fue cuando decidí dar el paso de entrenar en Italia con un nivel de grupo mucho mayor para ver si podía conseguir el objetivo.

¿Por qué Italia?¿Ve mucha diferencia con los medios que hay en la esgrima española?

A nivel infraestructuras creo que estamos más avanzados, las salas de esgrima de aquí no tienen nada que envidiar a las mejores salas de Italia. Nos falta un poco en cuanto a maestros, pues que se pueda vivir de ello te permite dedicar muchas más horas y que al final te especialices en ser maestro de esgrima. Pero lo que más falta son tiradores, es la mayor diferencia, allí cuando empiezas a tener resultados entras a formar parte de los grupos militares, cobras un sueldo y te permite tener una salida laboral cuando lo dejes, aquí mientras entrenamos tenemos que estudiar y pensar en el futuro. Fui a Italia porque allí el deporte está muy profesionalizado, es mucho más fácil crecer. 

¿Encuentra una referencia allí, un guía?

Yo siempre he tenido muy buena relación con los maestros, al principio la referencia en España fue Jesús Esperanza (entrenador del equipo nacional) con quién compartí un camino hasta conseguir la medalla de bronce en el Europeo. Entonces fue cuando me fui al club de Italia, que lo elegí porque había estado allí y había visto en el cómo era ese maestro (Fabio Galli), daba igual que fueras el campeón olímpico, el medallista mundial o el que perdía siempre, tenía una relación única con cada tirador, vi en él todos los valores que tenía que tener un maestro.

Luego está la figura de Daniele Garozzo (tirador italiano), cómo es mentalmente, cómo trabaja… Al final tira de ti porque ves cuanto es capaz de centrarse en el objetivo, su manera de luchar todos los días, eso hace que al final lo puedas imitar y esas ganas que tiene al final te las transmite a ti. Piensas, joder hay que llegar al Mundial y en la final tenemos que estar tú y yo.

¿En qué momento el sueño olímpico se empieza convertir en una realidad?

Cuando vas consiguiendo resultados importantes que te van dando puntos en el ranking internacional, vas subiendo…. Y sobre todo la clave es cuando entrenas con gente que está muy arriba, ves que les ganas y empiezas a pensar que puedes llegar. En mi caso, cuando saqué la medalla de bronce en el Campeonato de Europa estuve muy cerca de clasificarme para Río, y luego arranqué el siguiente ciclo con muy buenos resultados. Subí mucho, conseguí la medalla en el Mundial y me metí entre los 16 primeros del mundo, ahí lo vi realmente cerca.

Y cuando parecía que ya tenía el billete para Tokio se complica. ¿Qué ocurrió?

La clasificación dependía de mí hasta que llegamos a la última competición, pues justo había ganado la última y ahí llegó la pandemia y se paró todo. Luego cuando se retomó tuve el campeonato de Doha y sabía que era el momento de hacer el resultado para clasificar… pero caí eliminado el primer día y el resto tenía que superarme. Es verdad que tenía un buen colchón de puntos, pero hasta que no cayeran no iba a ser oficial. Yo la vi solo, ese día fue de infarto, uno de ellos se quedó a una ronda de quitarme el puesto. Luego lo ‘celebramos’ con los compañeros, porque lo del alcohol en Catar complicado (sonrisa).

¿Cómo prepara unos Juegos Olímpicos?

Yo intenté no saturarme mucho. Con el tema de los Juegos hay una gran presión social a todas horas de gente que te pregunta y te pide resultados. Intenté aislarme un poco de eso, salir un poco de la rutina de entrenamientos con concentraciones en lugares más tranquilos. A nivel mental, distanciarnos; a nivel físico, tuve una preparación completa y también hicimos mucho análisis de vídeos, entrenamos unas seis horas diarias. Sí que es verdad que hasta dos días antes no sabías cuál iba a ser el rival, por el tema del protocolo Covid, pero más o menos conocíamos a todos los rivales y sabíamos como combatir cada estilo de esgrima.

Carlos Llavador durante un entrenamiento en las instalaciones del CSDJorge Paris

¿Le da algún consejo José Luis Abajo ‘Pirri’ (último medallista olímpico en esgrima, en Pekín 2008)?

Pirri hace espada, y yo soy floretista, nunca hemos combatido en pista, pero justo entra como presidente de la de la federación y está muy cercano desde el principio. Me preguntó qué es lo que necesitábamos para preparar bien los Juegos, y antes de la concentración estuvo por aquí y le pregunté un poco como había vivido él la experiencia, para tener una referencia previa y no llegar de nuevas.

¿Siente la presión de haberse convertido en una referencia para los que vienen detrás?

No siento presión, supongo que sí soy una referencia porque soy el único que ha ido a estos Juegos, pero creo que hay mucha gente que lleva trabajando mucho y teniendo buenos resultados durante estos años. Ellos también son referentes a nivel nacional y con buenos resultados a nivel internacional. Al final yo fui el más preciso en ese año, que es el que determina la clasificación, por lo que no creo que todo se enfoque solo sobre mí. 

¿Cómo vivió la experiencia de unos Juegos Olímpicos?

La verdad es que fue un poco sabor agridulce porque la competición era increíble, pero no te podías mezclar con la gente, que es lo bonito de los Juegos, la mezcla cultural, todos teníamos miedo a dar positivo. El ambiente era un poco frío, distante, teníamos mamparas para comer… toda esa gran fiesta que son los Juegos solo se traducía en ir en competir. Yo además viajaba solo con mi maestro, espero que cambien las cosas para París 2024.

Y en la competición, ¿se le quedó la espina de no lograr el resultado esperado?

En la competición sabemos lo que hay, el sistema es muy rápido y no hace justicia con los resultados anteriores, son 15 puntos y el que pierde se va, no puedes fallar. Es bonito porque puede ganar cualquiera, pero no se premia nada la regularidad. Yo no estoy descontento con mi actuación, me encontré un rival que estaba mejor que yo y los fallos con mi luz, que tardaba algo más en sonar, me sacaron un poco del asalto. Pero sí, pensaba que podía hacer un resultado mejor y espero conseguirlo en París.

¿Cuál es su plan una vez superada la cita de Tokio?

Después de los Juegos quería descansar de la presión y planificar estos tres años hasta París. Tomé la decisión de seguir en Italia, aunque se me hayan ido patrocinadores, porque iba a tener dos competiciones en noviembre y diciembre. Al final se cancelaron y parece que vamos a comenzar en enero, volvemos a estar otra vez con las dudas de la pandemia, esto pesa mentalmente porque quieres volver a competir a nivel internacional. Normalmente, hacemos una doce competiciones internacionales por año, que es de lo que vivimos, y solo llevo dos en los dos últimos años.